DE LA BARRA A LA TRINCHERA

Por: Gerardo Ramos Trejo

Para muchos aficionados el club es la patria chica, una religión a seguir, en el estadio depositan toda clase de sentimientos transformando aquel inmueble en una trichera voluntaria. El espectador futbolístico entiende los mensajes en razón a determinados factores comprendidos en su desarrollo personal, con el gusto o la predisposición de presenciar un partido de futbol.

Su papel de receptor implica ser el estereotipo para la retroalimentación expresada en los comportamientos posteriores a la penetración de los mensajes; comentarios, discusiones, manifestaciones masivas, agresividad, júbilo, consumismo, pasividad, abnegación, crecimiento del interés por el deporte o adicción al espectáculo de la televisión.

El aficionado está ya condicionado a sostener una serie de comportamientos y actitudes durante la celebración de los partidos de futbol por cuestiones, hasta cierto punto, costumbristas o derivadas de la interacción social.

Un fiel hincha de Racing, Pablo Canepa, argentino que está de visita en México nos platicó la forma de vivir el balompié en las pampas; "el fútbol en Argentina es una religión, cuando se tiene un hijo le das una pelota y el carnet de tu equipo para hacerlo socio y ya luego le das el biberón, hay gente que es ferviente hincha de un equipo de tercera división y es sólo de ese equipo, no es de ningún equipo grande porque su amor es para ese de tercera división.

"Eso por el barrio, por la familia, porque el tío, el abuelo son hinchas, es algo muy grande, yo estoy de acuerdo con que se viva así y no con agresión", comentó Pablo, con su agradable acento, cubriéndose del rayo del sol con sus lentes obscuros.

La expectación creada al rededor de determinado encuentro de futbol es el parámetro para pronosticar o definir de antemano el comportamiento del aficionado en el estadio y en su hogar, lo cierto es que últimamente se han generado acontecimientos poco agradables.

Foto: Mundo Soccer

Las barras se han transformado en un detonador de violencia, situación ajena a la esencia del deporte, ese mínimo nerviosismo es el propiciado del enojo o la alegría del televidente según la suerte de la escuadra preferida.

Acumular la tensión genera una descarga al finalizar el encuentro y durante los pasajes decisivos del mismo.

Durante el cotejo la tensión es la condicionante del comportamiento, máxime si el equipo en disputa es el favorito sentimental por años del aficionado, el claro ejemplo queda reflejado por los Clásicos celebrados en todo el orbe futbolístico.

"El hincha paga para gritar noventa minutos y se puede ir con una victoria, fracaso o empate, los jugadores de fútbol y los dirigentes lo tienen que tomar en cuenta porque lo mejor que tiene un club es su hinchada, después de la pelota, lo más importante es la gente", reclamó el joven Pablo Canepa, fiel testigo reclamó a gritos la necesidad que todo aficionado merece.

Se ha comprobado que más allá de la actuación de los contendientes, incluso del mismo resultado, el espectáculo ofrece al público, el entusiasmo con que acuden a presenciarlo miles de futboleros aficionados, que en ocasiones no son motivados no por el amor a los colores de su escuadra, sino por la necesidad de expresarse en una sociedad activa.

"El futbol es un estado de ánimo, la pasión que se genera puede lograr un alcance enorme, en argentina el futbol vive en los tejidos celulares de la gente, nacen a lado de un balón y se convierte en su fiel compañero, pero la congregación masiva con el motivo de apoyar a un club, últimamente se ha convertido en un peligro que no debería existir", comentó Angel Cappa, director técnico argentino.

Un público dispuesto a divertirse cobijando con gritos de apoyo a los actores del juego, es impresionante la forma de dotar de color y calor cada rincón de las tribunas, convirtiéndolo el inmueble donde el cemento impera, en auténtico horno sentimental.

El estado de ánimo prevalece a pesar del dolor, la ineficacia o la derrota del cuadro favorito, no es invento ni falsedad, que en la mayoría de los casos, el júbilo baja de las tribunas hacia la cancha porque el aficionado no cede en sus demostraciones reflejadas con gritos, olas, cánticos y agitar de banderas.


Foto: Mundo Soccer
La afición mexicana está dominada por el sentimiento, son hombres abnegados que satisfacen su necesidad de identificación apoyando a un club, el vivo ejemplo lo pone la gente de Neza, Monterrey, Atlante y Tigres, clubes que en lo futbolístico han dejado mucho que desear, pero tienen una hinchada cien por ciento fiel.

El modelo de las barras sudamericanas está siendo imitado por las mexicanas, antes en los estadios podías ubicarte en cualquier parte, incluso cambiarte de butaca hasta el otro extemo del inmueble, hoy en día las rejas no te lo permiten, pues antes está la seguridad.

En europa se comenta que visitar un estadio es como ir a la carcel, por las murallas de alambre, los vigilantes, y las múltiples cámaras de televisión que están pendientes de los actos realizados por el jugador número "12", lo anterior genera un sentimiento contradictorio;

"El futbol es un espectáculo masivo que se ha transformado en un redituable negocio y ahora los estadios son como auténtica olla exprés donde la emoción desborda en peligro, es muy triste y sobre todo es un gran riesgo el que se vive en un estadio, nosotros los jugadores salimos con la mente puesta en el partido, pero no te creas, siempre hay miedo de recibir un golpe con algún objeto.

Foto: Mundo Soccer

"Existen personas nocivas para el espectáculo y hay que señalarlas, el futbol es un espectáculo para la familia, para los niños y es muy triste que unos cuantos, que no se tienen valor a sí mismo y pretenden hacer daño a quien se está divirtiendo, se encargue de echar proyectiles y generar violencia, estamos a tiempo de evitar que la violencia crezca", advirtió el veterano jugador de Rayos del Necaxa, Octavio "Picas" Becerril.

Una sociedad empobrecida puede convertir el futbol en centro neurálgico de su vida; "sólo una sociedad enferma puede elegir la violencia como modo de relación, cuando veo tantas energías puestas al servicio de un juego y sus simbolismos, me asombra la demoledora estupidez que nos trajo hasta este punto y me asusta el germen fascista del esa gratuita furia destructiva", relató en sus cuadernos, el timonel argentino y comentarista deportivo, Jorge Valdano.

Las populares "Barras bravas" de Argentina se convirtieron poco a poco en guardianes de un enorme sentimiento llamado; Club. el protagonismo de este núcleo futbolero fue aumentando hasta caer en los extremos de la violencia.

Ocuparon espacios vacíos, el movimiento creció hasta alcanzar la dimensión de un ejército silvestre armado con banderas, palos y cualquier objeto que sirva para agredir. Así se fueron adueñando de un lugar que pertenecía a las familias, ahora sólo es apto para valientes, haciendo de la agresividad un modo de vida.

"En México no hay tanta rivalidad como en Argentina, imagínate que allá un partido es el descargue de las peleas en la calle, del trabajo, en un partido nunca vas a ver a gente de equipos contrarios cambiándose playeras, el hincha es mucho más pasional.

"Acá (en México) hay más dinero pero muchos jugadores quieren irse a jugar a Argentina por el tipo de fútbol, por la afición, porque un partido se vive a muerte, ¡a muerte!.

"Es mucho el alarde de los hinchas, lamentablemente a mí como argentino, la imagen que nos tiene me da un poco de pena, pero no sé si eso se va a curar algún día, lo cierto es que viendo un partido en México se extraña esa cosa, lo lindo de los cantos y de ver cómo se le da todo al equipo porque el hincha se lleva noventa minutos de partido y nada más, porque no se lleva plata", contó Pablo Canepa transmitiendo el sentimiento futbolero a flor de piel.

En las tribunas de un estadio mexicano puede oírse el cántico, puede verse el rostro de alegría o sufrimiento que origina el andar de la pelota, el colorido también tiene butaca reservada y poco a poco también la violencia asoma la cabeza.

Las Barras aztecas son un modelo de la hinchada pampera, lo cierto es que en México la seguridad es mayor: "la verdad que el futbol mexicano, como espectáculo familiar es mejor que el de Argentina, más tranquilidad y de repente se puede vivirlo sin problema.

"Si está jugando Racing, que es mi equipo, yo prefiero en ese sentido lo caliente de un partido en Argentina y la seguridad de México. En Argentina se puede entrar con el palo de la bandera al estadio, aquí está prohibido, no puedes entrar con botellas de vidrio.


Foto: World Soccer

Imagínate que se prohibiera entrar con ese tipo de cosas en Argentina, pero es tanta la locura que hay allá que a veces hasta con la bandera se puede ahorcar a una persona, después de por vida quien lo hizo quedará arrepentido, pero es un segundo y han pasado esas cosas, a mi no me gusta, pero esa calentura del futbol es impresionante", señaló Canepa desde tierras mexicanas.

Hace un mes, aproximadamente, el futbol argentino vivió el traumático suicido de un joven jugador de San Lorenzo de Almagro. Días después la afición de un equipo rival se burló de aquel dramático suceso mostrando un muñeco de trapo con la playera de San Lorenzo, colgado de una soga.

Los códigos de honor quedaron pisoteados por la deplorable acción de sujetos sin educación, sin recursos, sin esperanzas de valorarse como seres humanos.

Hace menos de una semana, seis Barras bravas se presentaron en un entrenamiento del Club Platense, armados hasta los tobillos, para tratar de persuadir a los jugadores con una sencilla y poco agradable voz de aliento; "si no ganan los matamos". Después de unos días, en un campo de tercer tipo, más de cien personas invadieron el terreno de juego con la intensión de golpear de modo ventajoso y salvaje a los jugadores del equipo rival.

En México, las rejas en los estadios se han presentado gracias a los conflictos entre aficionados de uno y otro bando; "ojalá que el fútbol de acá no llegue al grado de violencia que se vive en Argentina, el otro día que fui a ver Necaxa ante América, estuve escuchando canticos en la porra del América, se escucharon cantitos argentinos con tonadas mexicanas y la verdad que me gustó mucho.

"A los argentinos nos tienen como creídos, pero yo no me creo dueño de ningún canto, pero es como que estando a tantos kilómetros de mi cuidad y de repente escuchar un canto de allá, eso me da la iniciativa de que vamos por un buen camino y creo que en el futbol y más en América tiene que vivirlo con gran emoción y claro, sin violencia", sugirió Pablo con el corazón en la mano, en pro del balompié.


Foto: Mundo Soccer
El ánimo es cambiante en un partido de futbol, el espectador está condicionado a los acontecimientos del juego, pero no hay mejor momento que gritar el gol y escuchar un cántico que haga explotar la sensibilidad de los tejidos celulares, momento en el que los Barras y el equipo se unen para darle vida a ese romántico vínculo futbolero.

Que tal si se imagina en un estadio de futbol, los jugadores saltan al césped y el ruido hace que su corazón palpite cada vez más rápido, de pronto un ferviente aficionado le anuncia un cántico, la adrenalina corre por el cuerpo, el colorido ilumina su rostro y todos comienzan a corear:

"¡Vale diez palos veeerdes, se llama Maradona y todas las galliiinas me chupan bien las bolas y cuando va a la cancha la doce le agradece todo lo que Dieguito se mereeece!".

"Ese es un cántico de la hinchada "número doce" de Boca Juniors, se llama así a la barra principal y se la cantaban a Dieguito Maradona, y te la voy a explicar -dice Pablo a los lectores de Mundo Soccer-, las gallinas son River Plate, y Dieguito ya sabe todo el mundo quien es, esa es una canción típica en un momento que Diego jugaba en Boca".

El ambiente era memorable, Pablo se encargo de describirlo; "¡ y todos cantando y empujándose, te empujabas con alguien que no conoces, en esos noventa minutos te hiciste quizá de 60 mil amigos que quizá después no los ves más, eso es el fútbol!.

Con el fervor en la sangre como todo aficionado pampero, Canepa nos contó historias entrañables que a cualquiera le hubiese gustado protagonizar y describió a su modo un domingo futbolero en su natal Argentina; "es el ir al estadio y estar gritando noventa minutos, eso es el folklor del fútbol, allá viene tu familia, tu equipo de fútbol y después todo lo demás y se nace de un equipo y se muere de ese mismo equipo.

Imagináte que en el fútbol no importa ni el presidente de la Nación, cuando el tema del antidoping a Maradona había una canción que decía:

"¡Diego no se drogooo, Diego no se drogooo, antidoping a Menem, la puta madre que le pariooo! (sic), lo ves, y Menem era el presidente de la Nación, para un argentino primero está Maradona que el presidente.

"Para que te des una idea de lo que es el fútbol allá, un día Maradona iba a patear un corner, se acerca, y de la tribuna cantraria de Boca, le tiran una naranja, -narró Pablo-, en eso Maradona la levanta con el pie, la chupa y la vuelve a tirar de una patada.

"Imagináte todo el estadio incluyendo al rival de Boca le aplaudían y gritaban, yo como fanático de Maradona le perdono porque lo que él me dio en la cancha, ¡no me lo dará nadie!", enfatizó.


Foto: Mundo Soccer

Esos memorables recuerdos albergan en la memoria y nunca podrán escaparse de ahí, con esa pasión, con ese auténtico y puro sentimiento de apoyo deberían quedarse todos lo que aman a ese juego silvestre y caprichoso llamado futbol.

¡Ya basta de violencia!.

 


 

 
 
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